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Chihuahua mantiene una deuda histórica con la Nación N´dee
Durante décadas, muchas familias N’dee, N’nee y Ndé —históricamente identificadas como apaches— crecieron escuchando que su pueblo había desaparecido de México. En escuelas, libros de texto y discursos oficiales, la narrativa dominante los presentaba como un grupo “extinto”, asociado además a violencia, saqueos o invasiones.
Hoy, esa narrativa comenzó a cambiar por una vía poco habitual: litigios estratégicos, organización comunitaria y reconstrucción histórica impulsada desde las propias comunidades. En agosto de 2024, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) otorgó a la nación N’dee su Constancia de Registro nacional, convirtiéndola oficialmente en el pueblo indígena número 69 reconocido por el Estado mexicano.
El reconocimiento representa uno de los avances más importantes para esta nación en más de un siglo. Pero el proceso también exhibe las resistencias institucionales que persisten, particularmente en Chihuahua, donde el Congreso estatal aún no incorpora a la nación N’dee en su catálogo oficial de pueblos originarios, pese a resoluciones judiciales y amparos favorables.
Una identidad negada durante generaciones
La exclusión no fue únicamente administrativa. La historia de la nación N’dee estuvo marcada por persecuciones militares, desplazamientos y políticas de exterminio. Entre ellas destacan las llamadas “Leyes de Cabelleras”, vigentes simbólicamente en Chihuahua hasta 2023, mediante las cuales se ofrecían recompensas por capturar o matar apaches.
Ese pasado produjo un efecto de silenciamiento intergeneracional. Muchas familias dejaron de identificarse públicamente para evitar discriminación.
“En los libros de texto se hablaba muy malas cosas de los apaches, que eran invasores, robaban ganado”, relata Martín Cristóbal Rojas Guevara, uno de los fundadores de la Nación N’dee en Chihuahua. “Eso daba pena en la escuela al autoidentificarse”.
Frente a esa narrativa, integrantes de la comunidad comenzaron un proceso de investigación histórica y documental para verificar relatos familiares, rastrear archivos y reconstruir genealogías.
“Empezamos a descubrir que lo que decía la familia era la verdad, no lo que te enseñaba en la escuela”, afirma Rojas Guevara.

El reconocimiento no fue una concesión
El reconocimiento federal no surgió como una política pública espontánea. Fue resultado de una estrategia legal impulsada por líderes comunitarios —conocidos como nant’aan— junto con el Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP).
En paralelo, las comunidades promovieron litigios para exigir su inclusión institucional y el acceso a derechos colectivos negados por décadas.
Martín Tafoya, nant’aan de Ciudad Juárez, sostiene que el reconocimiento no puede interpretarse como un acto de buena voluntad gubernamental.
“Estamos viviendo una simulación y una farsa. El hecho de que nos hayan reconocido como pueblo originario no fue un regalo; se ganó en un juicio”, afirma.

La estrategia jurídica tuvo resultados distintos según el estado. En Coahuila, la nación fue incorporada al artículo 7 de la Constitución local en diciembre de 2022. En Sonora, el reconocimiento se formalizó mediante el Decreto 111 en octubre de 2023.
Chihuahua, sin embargo, permanece rezagado.
¿Qué cambia con el reconocimiento?
Para las comunidades N’dee, el reconocimiento oficial no define su identidad. “Yo lo digo abiertamente, y no me da ninguna vergüenza, y lo digo abiertamente porque estoy seguro de lo que soy, y lo tiene certificado el gobierno mexicano ”, expresa Martin Tafoya. Sin embargo, la existencia jurídica sí modifica el acceso a derechos y mecanismos institucionales.
Entre los principales impactos identificados por la comunidad están:
- la posibilidad de acceder a programas públicos en salud, educación y cultura;
- la participación política mediante sistemas normativos indígenas;
- la defensa jurídica de territorios y sitios sagrados;
- y el combate a formas históricas de discriminación institucional.
La protección territorial es uno de los temas centrales. Lugares como la Sierra de Juárez, el río Bravo y El Chamizal forman parte de espacios considerados cultural y espiritualmente relevantes para la nación N’dee, y que enfrentan presiones urbanas, industriales y extractivas.
La recuperación de la lengua como estrategia de permanencia
Además del litigio jurídico, las comunidades impulsan procesos culturales para evitar la desaparición lingüística.
El Consejo de la Lengua N’dee desarrolló un alfabeto que busca unificar las tres variantes lingüísticas presentes en México: N’dee Miisá, N’nee Biyatí y Ndé Biisá.
La estrategia combina documentación lingüística y herramientas pedagógicas comunitarias. Entre ellas destaca una lotería interactiva diseñada para niñas y niños, donde las imágenes tradicionales fueron sustituidas por símbolos culturales propios, como el ke wa (bota tradicional) o el ga’an (espíritu de la montaña), que además tienen un código QR digitalizado con los sonidos.
El objetivo no es únicamente preservar vocabulario, sino reconstruir formas de transmisión cultural interrumpidas por décadas de clandestinidad y discriminación.

Ceremonias prohibidas que regresan al espacio público
La revitalización cultural también incluye prácticas ceremoniales que durante años permanecieron ocultas.
En 2023, comunidades N’dee retomaron en México la Ceremonia de la Pubertad, un ritual de cuatro días mediante el cual las niñas transitan simbólicamente hacia la adultez.
La ceremonia había dejado de realizarse públicamente debido a la persecución histórica y al temor de exposición comunitaria. Por lo que para la comunidad fue “un momento histórico para recuperar sus tradiciones”, así lo define Jaqueline Murillo, integrante de la comunidad N´dee y hermana de Abigail, una de las jóvenes que participó en la ceremonia, acompañada por su madrina Emma Rodríguez Palacios.
A la ceremonia vinieron dos hombres medicina, o diyyin, de San Carlos; uno se encargó de la preparación y otro de los rituales durante 4 días.
“Fue mucha gente porque era una ceremonia que no se tenía registro desde hace más de 150 años y fue un momento histórico no solamente para nosotros sino en general. Volver a recuperar esas tradiciones que la misma gente nos obligó a a ir dejando por la persecución, por la violencia, por temas políticos, el blanqueamiento de documentación, muchísimas cosas que hicieron que fuéramos desplazando nuestras tradiciones y que estamos tratando de recuperar lo más fiel posible”, compartió Jaqueline Murillo.
Dentro de la cosmovisión N’dee, la espiritualidad está ligada a figuras como la Mujer Pintada de Blanco y el Hijo del Agua, así como a una relación espiritual con el territorio y los elementos naturales.

Los límites del reconocimiento
Aunque el reconocimiento federal representa un avance jurídico relevante, la propia comunidad identifica límites importantes.
El primero es que el reconocimiento no garantiza automáticamente presupuesto, representación política ni protección territorial efectiva.
El segundo es la persistencia de vacíos legales estatales, particularmente en Chihuahua, donde la ausencia de reconocimiento local limita el acceso pleno a mecanismos institucionales.
También hay obstáculos sociales. Integrantes de la nación señalan que continúan enfrentando estigmas históricos asociados a la figura del “apache violento”, reproducidos durante décadas en materiales educativos y discursos públicos.
“Sí me da miedo que algún día por tratar de hacer esta recuperación, pues pase algo. Pero si la gente supiera que que esto es por antepasados, por recuperar la cultura, por recuperar la lengua. Si entendiera yo tendría un poquito menos miedo por mi papá, por por mi familia, por amigos que están en esta lucha”, expresó Ana Patricia Rojas, integrante de la comunidad N´dee.

Además, enfrentan “falsas autoadscripciones” que buscan debilitar el reconocimiento de la Nación N’dee, de acuerdo a lo que plantea Martín Tafoya: “Aquí en Juárez estamos pasando por un problema muy fuerte, aparecen y se autonombran apaches, y están totalmente apoyados por el gobierno municipal, porque han aparecido en eventos del gobierno municipal, les han facilitado recursos. No forman parte de nuestra gente. Nosotros no los reconocemos. El hecho de que se autoadscriban no significa que lo sean porque ni siquiera ellos pueden acreditarse. No manejan una lengua, no manejan usos, costumbres, cosmovisión, nada”.

Por lo que, ahora, uno de los principales desafíos de la comunidad N´dee en Chihuahua es convertir el reconocimiento jurídico en acceso efectivo a derechos, representación y protección cultural.
Mientras eso ocurre, la deuda legislativa de Chihuahua sigue abierta.

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